martes, 31 de diciembre de 2013

Si el fin del mundo me sucediera

Mi vida no ha sido perfecta, pero ha sido mía, la he vivido yo y nadie más.
Viví según mis circunstancias y saqué provecho de ello; lo disfruté.
Hablar de lo que hubiera hecho o dicho, no cabe porque no existe el término.
Los sitios que no conocí a pesar de ellos los disfruté y visité en mi corazón.

Abrace a todos, los amé, los escuche y tuve la fortuna de ser amada, respetada y apreciada.
Me voy con los pies por este mundo bien firmes sobre la tierra, porque en cada poro me bebí hasta la última gota de la vida.

No me quedo con nada por decir, entregar ni arrepentirme.
Me voy con mis mejores prendas, mi mejor vestido y mi mejor calzado,
porque a la vida se le sonríe con nuestra mejor presencia,
se le da la bienvenida y se le despide vestida de etiqueta, y de ahí mi gusto
por el glamour, el buen vestir, el buen decir y por lo mejor que la vida me ofreció 
y tomé sin restricción.

Me llevo este mundo con un excelente vino, con un buen tabaco y la mejor comida;
porque de todo ello disfrute y conocí el placer y el saber distinguir lo mejor de lo mejor.
Me llevo las cosas de calidad, las personas de calidad, las situaciones bien hechas
y mejores experiencias.

¿Qué canción me definiría? no lo sé, pero lo que si sé es que me llevo Evanescence en My Inmortal
tarareando en el alma, y mi corazón sostenido por las notas de violines y piano 
de mis genios de los dedos, bailando al compás del sentimiento, el sonido y las manos.

Mi último pensamiento lleno de paz lo guarda Snow Patrol con Chasing Cars.
Favorecida con la dedicatoria  de Thanksgiving en las manos maravillosas de Robert Bobe 
mis dedos de piano, donde encontré ríos de magia que hacían fluir mis letras al compás de sus melodías.

¿Peliculas? Ninguna, fui mi propia película, me reí de mis comedias, lloré con mis propios dramas 
y siempre procuré un final digno y feliz.
¿Libros? Todos, cada letra va tatuada, cada escrito va conmigo, cada autor reconocido y caminé con ellos en cada página de sus libros.
¿Musos? Los más importantes que dejaron huella por mi vida. Los que se quedaron viviendo en el corazón y lo encendían cada vez que mi cabeza atrapaba las palabras al cerrar los ojos, y las depositaba suave o a veces rápidamente, a través de cada hoja en blanco que se posaba en mis ojos.

Lo bueno lo disfruté, de lo malo aprendí.
De mis amigos me llevo el tatuaje de cada momento, cada sonrisa y cada experiencia.
Me voy cubierta de ello.

Perdoné y fui perdonada, de las personas aprendí siempre una lección; 
algunas maravillosas que me arrancaron suspiros y me llenaron de más vida.
De las malas experiencias no me libré, pero solté y dejé ira quienes en algún momento 
me hicieron daño o pretendieron hacerlo.
No fui vulnerable a ello ni lo pretendí, me arriesgué porque de eso trata la vida.

Me dí muchas oportunidades, todas las que la vida me presentó.
Conocí a mucha gente valiosa por eso los llevo en mi corazón.
Aprendí que la vida no es sencilla pero pretendí y conseguí que lo fuera.
Conocí credos y filosofías distintas, y de cada una me llevo la mejor parte de ellas.

Me permití sentir, expresar entregar y recibir.

De la salud, me llevo muchas experiencias;todas ellas de Lucha constante y también de rendición.
Sin embargo, también aprendí a levantarme y caminar con mi mejor sonrisa y con un abrazo a la vida.
En la vida me apoyé muchas veces y otras tantas, tomé un bastón para caminarla
pero nunca detuve el paso.

Dejé atrás hace mucho, los "no se puede" y "porqué a mi"; pesaban mucho y me gustaba viajar ligera.

Dejé frutos al mundo; unos hijos maravillosos que eduqué de la mejor manera posible,
aprendiendo junto a ellos el difícil arte de ser madre. Me los llevo cosidos al ALMA.
Se van conmigo en esencia y se quedan en mi carne. Les obsequio la herencia más importante que pude dejarles: Los valores y la integridad de mi crecimiento personal, pero sobre todo espiritual, de mi paso por este mundo con sus cosas sencillas o bellas, y también sus chingaderas.

Me voy con las mejores lecturas que abrace en mis ratos que jamás fueron de ocio;
porque el leer no desperdicia, enriquece y pule el espíritu a lo sublime, lo acerca a su autor y se crece con él.

Me llevo mis libros y zapatos. Mis sueños cumplidos y los que no, los seguiré soñando y realizando
en otra vida; en otro plano.
Me voy con muchos sueños realizados, con proyectos por cumplir, pero no por ello abandonados.
Me seguirán a donde vaya porque está chamba no se acaba.

Tuve hermanos de carne, de vida de momentos, y a cada uno me los llevo
con el cariño abrazado en cada espacio de mi abrazo.

Me voy con el amor envuelto porque dejé que me sucediera, invadiera, y fructificara en mi corazón. Que echara raíces en mis labios, en mi piel y la palabra. También en el vientre y en el alma.
Amé profundamente y dejé que el sentimiento me envolviera de tal forma que toqué lo sublime en unos labios, en un cálido abrazo, en la piel que se incendiaba y en las lágrimas que brotaban a la menor provocación del desborde de una herida que sangraba.

Me abrazo a Dios en paz con la conciencia tranquila, mirándole de frente con su infinita belleza.
Les dejo mi eterno cariño, agradecimiento y un fuerte abrazo con un profundo beso en el hasta siempre.




Silvia Carbonell L.


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